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Tratados bajo sospecha

Federico G. Charton

Mientras en España se deshoja la margarita del próximo gobierno (abstención sí, abstención no), tras el golpe de mano propiciado por los mal llamados “críticos” del PSOE (yo los llamaría apesebrados), el gobierno en funciones, extralimitándose en sus ídem, ha anunciado en la rueda de prensa posterior al consejo de ministros del pasado viernes la autorización a la firma de Acuerdos Económico y Comercial Global, y de Asociación Estratégica entre Canadá y la Unión Europea (UE) y sus Estados miembros, más conocido como CETA.

“El CETA y el TTIP supondrán poner a los pies de los caballos los derechos laborales, ambientales y sociales de los europeos”

Es delirante cómo este gobierno asegura estar en funciones cuando se trata de rendir cuentas ante el Parlamento, negándose a acudir a sede parlamentaria para ser controlados por el Congreso, pero luego se permite el lujo de decidir en nombre de todos los españoles una cuestión que es de crucial importancia para los próximos años. Tanto el CETA, como el TTIP (siglas de Transatlantic Trade and Investment Partnership, tratado de libre comercio entre la UE y EEUU) y el TiSA (Tratado internacional para promover la privatización de los servicios, incluidos la Sanidad y la Educación), negociados de forma opaca por parte de la UE, de espaldas a la ciudadanía europea, supondrán poner a los pies de los caballos los derechos laborales, ambientales y sociales de los europeos, pues se abre la puerta a la introducción de productos procedentes del otro lado del charco que la legislación europea restringe, como las carnes hormonadas, los transgénicos o los piensos de origen animal, por lo que la seguridad alimentaria se verá puesta en entredicho.

En nombre de la competitividad y la supuesta creación de empleo, estos tratados permiten que las multinacionales puedan denunciar a los estados miembros de la UE si éstos legislan en contra de sus intereses, equiparando a los estados con las empresas. Las grandes empresas multinacionales se verían protegidas en Europa, en detrimento de las pymes, que constituyen el 80% de la fuerza empresarial real de los países de la UE. Esto repercutiría directamente en el empleo, disminuyéndolo en realidad, al contrario de lo que se anuncia, tal y como ya ha pasado en países como México, tras la firma del tratado bilateral de este país con EEUU, el llamado NAFTA en sus siglas en inglés.

Afortunadamente, cada vez más personas se están rebelando ante este auténtico golpe de estado encubierto con el beneplácito tanto de la derecha como de los socialistas europeos. La región francófona de Valonia, en Bélgica, acaba de rechazar de forma valiente en el parlamento regional la firma del CETA, por lo que la aceptación de este tratado en el conjunto de la UE se pone en entredicho, ya que esto imposibilitaría que Bélgica hiciera efectiva la firma. En Europa, el éxito de la convocatoria de movilizaciones contra los tratados de libre comercio del pasado sábado hace presagiar que el rechazo al TTIP y al CETA será cada vez mayor. 50 ciudades españolas, además de otras muchas ciudades europeas, han sido escenario de cientos de manifestaciones contrarias a estos tratados.

Hasta millones de personas en Norteamérica recelan de ellos. Un sondeo efectuado este año en EEUU por la fundación Bertelsmann revela que sólo el 15% de los estadounidenses piensan que es positiva la firma de ese tratado con la UE. En el Parlamento Europeo, el trabajo de los grupos parlamentarios contrarios al TTIP y el CETA nos permite conocer la marcha de las negociaciones, pese al secreto que les rodea. Eurodiputados como Florent Marcellesi (Equo), Lola Sánchez (Podemos) o Marina Albiol (IU) nos dan cumplida cuenta de las verdaderas intenciones de los negociadores norteamericanos: la eliminación de las trabas arancelarias y legislativas para colocar en Europa sus productos, aunque ello suponga rebajar las exigencias ambientales, laborales y democráticas de la UE.

Por todo ello, debemos decir bien alto: ¡¡No al TTIP!! ¡¡No al CETA!!

 

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