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Directos al muro del colapso

Federico G. Charton

Dos noticias recientes nos hacen ser pesimistas con respecto a la consideración que del cambio climático tienen los poderes económicos y políticos mundiales. El pasado jueves 9 de marzo, el máximo responsable de la Agencia de Protección Medioambiental de EEUU, el recientemente nombrado Scott Pruitt, puso en duda el hecho de que el ser humano fuera “un contribuidor principal al calentamiento global”. También ha calificado el Acuerdo de París COP21 como de “mal acuerdo”, abriendo la posibilidad de que EEUU se retirara de dicho acuerdo. Pruitt, antes de ser colocado a la cabeza de este organismo, y como fiscal general en Oklahoma, demandó 14 veces a la Agencia, representando al lobby de la energía para bloquear iniciativas del anterior presidente Obama, como la que forzaba a las centrales eléctricas de carbón a reducir sus emisiones de CO2 y otros Gases de Efecto Invernadero (GEI). Posiblemente ese fue el detonante para que Donald Trump, otro escéptico del cambio climático, lo colocara, cual caballo de Troya, en ese puesto.

"España sigue emitiendo, a día de hoy, más CO2 a la atmósfera de lo que lo hacía en 1990. Si en aquel año las emisiones fueron de 285,9 millones de toneladas de CO2 equivalente, ahora estaríamos en los 328,7 millones"

La otra noticia, lanzada a los cuatro vientos por los medios de comunicación “oficiales” del Gobierno español, se refiere al mayor descubrimiento de petróleo desde hace décadas, en Alaska, por parte de Repsol junto a su socio estadounidense, hablándose de hasta 1.200 millones de barriles de crudo almacenado en suelo norteamericano, cantidad que podría reportar hasta 60.000 millones de euros. Sin embargo, esa cantidad, que parece desorbitada, sólo alcanzaría, al nivel de consumo actual, a abastecer a un país como España durante sólo 3 años.

La negación del cambio climático, en contra de la opinión de la inmensa mayoría de la comunidad científica, por parte de la administración Trump, puede abrir la puerta a una etapa de aceleración de este fenómeno, que ya estamos sufriendo, como la reciente ola de frío polar en nuestro país en el mes de enero, seguido de una ola de calor este mes de marzo, y los continuos récords de temperatura que, año tras año, alcanzamos.

En España, a pesar de las declaraciones de los representantes del Gobierno, como la ministra Tejerina, que recientemente anunció la intención del ejecutivo de elaborar una Ley de Cambio Climático y de Transición Energética y el Agua, estamos aún lejos de alcanzar el objetivo del Protocolo de Kioto, es decir, el de reducir las emisiones totales de los seis GEI en al menos un 5% por debajo de los niveles de 1990, año tomado como referencia. Al contrario, los datos del Observatorio de la Sostenibilidad indican que España sigue emitiendo, a día de hoy, más CO2 a la atmósfera de lo que lo hacía en 1990. Si en aquel año las emisiones fueron de 285,9 millones de toneladas de CO2 equivalente, ahora estaríamos en los 328,7 millones.

Y la prueba de que en España no vamos aún bien encaminados a reducir nuestras emisiones es que aún no se ha descartado del todo, por parte del partido en el gobierno, el método de extracción de gas de esquisto conocido como “fracking”, ya que, a juicio del ínclito Rafael Hernando, los problemas de la fractura hidráulica “están solucionados hoy en día gracias a la tecnología”. Esto ha obligado al grupo de Unidos Podemos a presentar una Proposición de Ley para prohibir la extracción de hidrocarburos por este método contaminante y causante de impactos diversos sobre el medio ambiente, del que la Región de Murcia no está libre, por los estudios que se iniciaron hace algunos años en la comarca del Noroeste. La negativa de derogar el llamado “impuesto al sol”, que impide el autoconsumo de energías renovables de una forma autónoma y desligada del lobby energético español, es otra de las razones por las que se dude de las intenciones del Gobierno de revertir los efectos del cambio climático en nuestro país.

Vivimos un periodo de incertidumbre. Abordar de forma decidida e inmediata el problema del cambio climático es una garantía de futuro que no podemos posponer más. Cada año que pasa vamos apretando cada vez más el acelerador hacia el muro del colapso. Y no sólo hay que levantar el pie del pedal, sino apretar el freno.

 

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