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Cumpliendo años

Juan Antonio Gallego Capel

 

Estrenando la agenda de 2017, aquí lo tenemos y aunque es muy típico de estos días establecer un listado de acontecimientos futuros más o menos inmediato, echo en falta una casilla que lleve por título algo así como "cuestiones improbables". Si por algo se ha caracterizado el año que terminó es por el hecho cierto de que lo que se consideraba improbable se ha convertido en realidad. Acontecimientos como el Brexit, el referéndum en Colombia sobre el proceso de paz y, cómo no, el triunfo de Trump en EEUU. Nada de esto estaba previsto, o dicho de otra manera, se consideraba altamente improbable y, sin embargo, ocurrió.

Las previsiones son unas cuantas: Rajoy seguirá siendo Presidente del Gobierno. En febrero veremos cómo Podemos resuelve su encarnizada lucha interna que enmascaran con lo que ellos llaman pluralidad, transversalidad y fraternidad. Comprobaremos el liderazgo de Albert Rivera, quedará desvelada la incógnita que rodea al PSOE en lo que a liderazgo y proyecto se refiere y, salvo sorpresas, el Congreso del PP será casi un vals porque lo gordo vendrá más tarde, es decir, cuando Rajoy diga que disuelve Las Cortes y que no repite como cabeza de lista.

No olvidemos lo de Cataluña y la apuesta de Soraya Sáenz de Santamaría por desencallar una situación que de mantenerse se va a llevar por delante a los pocos que quedan de la antigua Convergencia a favor de ERC. Y todo esto sin entrar en el capítulo de tribunales que van a ocupar muchos titulares. Una eventual condena de cárcel a Iñaki Urdagarín, podría parecer que se da por amortizada por la opinión pública, pero si se produjera esa condena, el impacto hay que darlo por seguro.

Sobre el papel, los acontecimientos están previstos, pero lo importante del año que comienza va a ser lo que quizás ahora ni imaginamos. Si no fuera porque la temeridad es innecesaria, me atrevería a elaborar un pequeño listado de lo que ahora no imaginamos y que puede ocurrir. En todo caso, lo único seguro, es que no nos vamos a aburrir porque en el 2017, en principio, se van a dilucidar cuestiones e interrogantes que van a condicionar la vida política al menos a medio plazo.

Por lo demás, 2017 será el año en el que vivamos peligrosamente como ha ocurrido el 2016 y anteriores. No hay tiempo sin riesgos, sin sorpresas, sin imprevistos, pero lo que si hemos aprendido y conviene no olvidar es que lo improbable se convierte en realidad. Lo sustancial, ocurra lo que ocurra, es que tengamos toda la lucidez para no aceptar el pulpo como animal de compañía.

Pase lo que pase, debemos ser optimistas y esperar que el año que empieza  sea al menos un poco mejor que el pasado.

 

 

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