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A hacer puñetas el consenso

Juan A. Gallego Capel

Todavía hay quien piensa que hay margen de tiempo hasta las primarias para la elección de secretario general del PSRM; para eso se pospuso una semana el Comité Regional que ha de aprobar el calendario de primarias y congreso. El único que ha dejado claro que se va presentar es el alcalde de Alhama. No hay mayor consenso que el que decidan democráticamente las bases. Diego Conesa insiste en presentarse porque no le tiene miedo a perder: me aseguró que “él o va sin mochila o no va”. Los otros nombres en liza son el de Roberto García, María González Veracruz o Joaquín López. Ninguno niega su intención, pero están más “a verlas venir”. Saben que sólo tienen opciones si no hay nadie más, y es que el que supuestamente dio un paso atrás forzado para lograr ese consenso ha dejado al partido hecho un solar.

"Amparados en el mito del pacto, podrían ejecutar su última estafa: simular que el consenso lo encarnan ellos, cuando la mayoría ya hemos comprendido que el consenso ha de ser contra ellos"

Cuando se invoca el consenso como infalible bálsamo político, sólo nos estamos dejando arrastrar por la convicción de que repetir lo mismo garantiza una salida a la crisis orgánica que arrastra ya 25 años el PSRM. Pero en verdad, si analizamos la infalibilidad del pacto, se convierte en el señuelo tras el cual nos pueden escamotear la urgente por necesaria regeneración política. El consenso puede no sólo resultar inoperante para resolver la crisis en el seno del PSRM, sino también provocar efectos contraproducentes y echar a perder las posibilidades reales de cambio que a día de hoy están abiertas.

Hoy, la mayoría de los socialistas murcianos estamos convencidísimos de la necesidad de cambio, y algunas élites fantasean con la posibilidad de pactar con la vieja guardia, lo cual tendría sentido si hubiera alguien en esas cúpulas dispuesto a dar un paso atrás de verdad. Pero resulta que no: los de siempre están concentrados en salvar su pellejo y seguir controlando, mientras que otros miran con un ojo su desazón y con el otro su carrera política.

Así que el que quiera liderar el PSRM que presente su candidatura, aunque puede que genere algún conflicto, pero será útil para cohesionar a las bases y al electorado y reforzar nuestra identidad. El consenso es útil para seducir a los reticentes, ensanchar apoyos, ganar en respetabilidad y limar las aristas, pero de eso habrá tiempo en septiembre. Negociar, pactar, consensuar es repartir diferencias. Sin embargo, las discrepancias ideológicas no se pueden negociar.

Concluyendo, sin base real para una analogía histórica, la invocación al consenso puede inducirnos a errores mucho más graves. El riesgo de que se utilice para legitimar cambios políticos lampedusianos que dejen el sistema intacto es real y amenazador porque, bajo ese consenso, hay quienes se quieren garantizar su seguridad. Podría ocurrir, porque la política es llegar al acuerdo y porque, amparados en el mito del pacto, podrían ejecutar su última estafa: simular que el consenso lo encarnan ellos, cuando la mayoría ya hemos comprendido que el consenso ha de ser contra ellos. Así que primarias ya, y sin trampas.

 

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