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Penúltimo regalo del PP a la educación privada: el distrito único

José L. López Lillo

El Partido Popular no ceja en su intento de desmontar la red de enseñanza pública, esta vez con la complicidad de Ciudadanos. El 2 de noviembre pasado se publicó la noticia de la intención de la Consejería de Educación de suprimir las zonas de escolarización como criterio preferente, y esta semana pasada, sin ningún tipo de debate y, a pesar de las opiniones en contra de la mayoría de sindicatos, de la FAMPA "Juan González" y de algunos partidos, ha salido publicada la normativa para realizar la matrícula del alumnado el próximo abril. En ella se contempla uno de los deseos más anhelados por las diversas patronales de la enseñanza privada-concertada: el distrito único.

Una vez más, amparándose en el "derecho de elección" de las familias y en la "libertad de enseñanza" o más propiamente de negocio de las empresas, la administración del PP renuncia a su obligación de planificación de la enseñanza y subordina el interés general de la sociedad al de los intereses económico-ideológicos de sus acólitos.

“La movilidad de alumnos con 'posibles' de unos barrios a otros propicia la concentración del alumnado con carencias sociales o culturales en algunos colegios, públicos, por supuesto”

En primer lugar está el tema del "derecho de elección" y cómo pasa de ser un "derecho" familiar a ser un derecho del centro a elegir a su alumnado. Al imponer el distrito único se elimina la puntuación, que ya era muy baja, que había por vivir cerca del centro; ello junto a la baja puntuación por la situación económica (rentas anuales iguales o inferiores al salario mínimo interprofesional: 0,5 puntos), más el punto del baremo asignado por el centro, así como las cuotas, más o menos encubiertas, hace que sea el centro el que finalmente elija a sus "clientes".

Antonio Viñao, en su trabajo "El concepto neoliberal de la calidad de la enseñanza: su aplicación en España (1996-1999)", expone hasta tres estudios realizados en países que llevan tiempo con la libre elección de centro. Dichos trabajos confirman que las consecuencias reales de tales políticas son justamente las opuestas a las que mantienen sus promotores y defensores; es decir, que elige quien puede y no quien quiere, siendo la peor consecuencia el aumento de la desigualdad social. Y todo ello sin que tenga reflejo, sea factor de mejora de la "calidad", en los centros educativos, puesto que ellos no controlan dos factores que determinan la elección de los padres: el componente étnico y social del alumnado o el entorno social en el que se ubica.

En segundo lugar, el dejar a la iniciativa privada la opción de elegir el lugar donde poner el negocio hace que se desperdicien recursos e instalaciones existentes, al renunciar la administración a la planificación de la enseñanza y doblegarse a los intereses particulares de las empresas. Valga como ejemplo el Colegio "Gabriel Pérez Cárcel" de la Orilla de la Vía en Murcia, el mismo año en que la Inspección de Educación hace un informe en que ofrecía 540 plazas desde infantil a primaria, en enseñanza concertada y pública en la zona de escolarización, la Consejería de Educación autoriza el negocio y lo declara "concertable", el Ayuntamiento les "alquila" el terreno por 145.000 euros y la Consejería de Hacienda le consigue Fondos FEDER para la construcción del centro,. La consecuencia directa es la transformación en guetos educativos de los centros públicos más cercanos, sin que estos puedan hacer nada puesto que los centros públicos no pueden elegir a sus alumnos, mientras que al susodicho centro se le ha permitido cobrar mensualidades desde el principio, expulsar a quien no pagaba y hasta rechazar alumnos que eran demasiado problemáticos, a pesar de haber sido elegido por los padres por su "especialización" en educación terapéutica.

El distrito único significa un grave problema para la planificación educativa, aparte del conflicto ecológico del transporte. Pero, sobre todo, la movilidad de alumnado con “posibles” (no elige quien quiere sino quien puede) de unos barrios hacia otros propicia la concentración del alumnado con carencias sociales o culturales en algunos colegios, públicos por supuesto, lo que genera una segregación paulatina del alumnado que se traduce en la creación de guetos educativos en nuestros pueblos y ciudades. Y en los guetos no se educa, se sobrevive.

 

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