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La imagen

Salvando unas pocas diferencias que han empeorado la situación y dilatado las colas y la espera de personas y vehículos, esta imagen se viene repitiendo desde el último tercio del siglo XIX, cuando la zona era todo huerta y había pequeños carriles por los que cruzaban y transitaban tartanas, caballerías e hijos de vecino en alpargata. Ahora la imagen se reproduce unas decenas de veces cada día, y hasta la Virgen de la Fuensanta se detiene allí en sus idas y venidas del monte forzada por cualquier vulgar convoy de cercanías. Los gobernantes, siempre mirando por el bien de la ciudadanía, planean suprimir el paso a nivel aprovechando que el tren de alta velocidad llegará un lustro de estos a Murcia pasando por Cuenca. Pero mientras tanto, han ideado dejar la zona compactada y apretadica, de tal modo que algunas casas y viviendas tendrán que habilitar el comedor, por ejemplo, para el tránsito ferroviario, mientras otras, con más suerte, incrementarán su confort mediante un muro con vistas al muro a cuatro palmos del muro. Lo de los murcianos de dinamita de Miguel Hernández fue solo una licencia poética, no nos engañemos, puesto que en el lado opuesto de la ciudad ya se creen felices con un tranvía que también mira a Cuenca.