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Que alguien encargue una camiseta –o un palé de camisetas– con semejante leyenda dice mucho del portador o portadores de la prenda, del personaje al que se asigna el predicado y hasta de la ternura del mensaje que se quiere pregonar. En los congresos, convenciones y ágapes del PP murciano nunca han faltado freakies que otorgan un punto primordial y atávico a esas citas cofrades, pero en este último cónclave era del todo punto urgente reforzar la idea de que el caudillo recién aclamado adorna su figura oronda y un tanto zamba con una conducta pública intachable. De ahí que la camiseta, su propaganda y aun el hijo de vecino que la exhibe no supongan algo contingente, sino más bien nuclear, como el meollo del congreso, la confirmación del sacramento y hasta la resurrección del muerto. Pretender santificar a alguien sin esperar a que se enfríe el fiambre también requiere estos folclores. La foto de este sábado, además, alimentó un vivo debate en las redes sobre la moda indumentaria de la temporada.