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Ramona López. 15/01/2017

En el libro Eichmann en Jerusalem, Hannah Arendt da cuenta del juicio que en esa ciudad se hizo al dirigente nazi Adolf Eichmann. De él dice la autora que no era un personaje especialmente malvado, no era un monstruo inhumano como lo quería presentar el gobierno de David Ben Gurion. No, en absoluto. Eichmann, que tenía a su cargo el correcto funcionamiento de la logística de los trenes de la muerte, era algo peor que un psicópata: Eichmann era un hombre normal. Ninguna patología mental socialmente peligrosa le había llevado a transportar a millones de personas hacia la muerte, de la cual él estaba perfectamente informado y con la que obviamente era conforme.

Víctimas por barrios. Con la legislación vigente en la mano, siempre habrá un fiscal o un juez que, buscando hacer méritos para el ascenso en su carrera o atendiendo la llamada de la selva que la hermenéutica jurídica les consiente, apreciará delito en un chascarrillo, una opinión o incluso un pedo impertinente.
Venancio Iglesias. 15/01/2017

El médico me explicó una verdad desoladora: el desarrollo del embrión se hace en torno a un tubo. El sacerdote me explicó que la vida aparecía tras un soplo sobre una naturaleza manchada. El biólogo me habló de información, genoma y destino escrito. El sociólogo me habló de la intervención de la manada en nuestro comportamiento: alguien lidera, alguien conduce. ¡Desolador, también! El filósofo me habló de fundamentos del conocer.

Bucarest se tornaba inmensa cuando recorríamos sus anchas alamedas, la gente iba y venía de sus trabajos aquel verano del 87. Hacía frío cuando el día oscurecía antes de las seis de la tarde.

Paco Cisterna. 08/01/2017

Tengo la moral por los suelos.