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“Aunque estés sufriendo o te pasen cosas duras la puerta de la felicidad sigue abierta, porque el origen está en tu mente”

El psicólogo Pedro Moreno publica ‘Abrirse a la vida’, una ayuda para “los momentos difíciles basada en el mindfulness y la compasión”. El libro se presenta el próximo miércoles en El Corte Inglés en Murcia
Pedro Moreno con su nuevo libro, durante una entrevista en Onda Regional (Foto: Onda Regional)

Pedro Moreno, doctor en psicología y especialista en psicología clínica, ha aprovechado su experiencia como experto en el manejo del dolor emocional, propio y de sus pacientes, para escribir el libro ‘Abrirse a la vida’ (Editorial Desclée de Brouwer 2016). La muerte de su madre en circunstancias difíciles hace siete años marcó un antes y un después en la vida de Pedro Moreno, y tras años trabajando con técnicas de meditación, ahora su objetivo es ayudar a sus lectores a enfrentarse a los problemas y pérdidas que sufren inevitablemente a lo largo de su vida.

El autor, que ejerce como psicólogo clínico en el Servicio Murciano de Salud y en su consulta privada (www.clinicamoreno.com), nos propone para ello un programa de entrenamiento mental basado en el mindfulness y una actitud amable y compasiva, que nos enseña cómo mirar en nuestro interior y conocer y controlar nuestros pensamientos para lograr la felicidad y evitar el sufrimiento, que muchas veces alimentamos con ideas negativas.

Pedro Moreno presentará su nuevo libro el próximo miércoles, 15 de marzo, a las 19.30 horas en la sala de ámbito cultural de El Corte Inglés de la Gran Vía Salzillo de Murcia. Este psicólogo murciano es autor de seis libros de autoayuda, entre los que se incluyen ‘Aprender de la ansiedad’, ‘Dominar las crisis de ansiedad’ y ‘Dominar las obsesiones’.

Moreno practica la meditación a diario desde 2010, convencido de que la felicidad auténtica solo es posible si conoces tu propia mente. Hoy nos recibe amablemente en su casa de Molina de Segura, rodeado de gatos y de su perra Dana, y contesta, sin prisa pero sin pausa, a nuestras preguntas.

¿Por qué decide escribir este libro y con qué objetivo?

Cuando uno escribe un libro es como cuando tiene un hijo. Tiene un hijo y dice que ya no quiere tener más, pero al cabo del tiempo te apetece otra vez entablar la conversación con ese público que está ahí. Porque cuando me pongo a escribir es como si estuviese hablando con alguien y siempre escribo sobre lo que voy trabajando y es significativo para mí. En los últimos siete años, y sobre todo en los dos o tres últimos, he estado trabajando mucho con personas que se enfrentaban a situaciones especialmente difíciles en su vida, como por ejemplo divorcios complicados, la muerte de un ser querido, cambios importantes en las condiciones de trabajo, despidos, situaciones de acoso…En los últimos años, por una evolución personal, empecé a hacer un curso en el centro de salud en el que trabajo en el que, llevando un poco como hilo conductor esa dificultad de manejarse con situaciones complicadas que a cualquiera se le pueden presentar en su vida, empecé a trabajar en ese formato de grupo. Pensé que merecía la pena tratar de meter esas cosas que habíamos trabajado en grupo y con mis pacientes individuales en una especie de programa de entrenamientos para nuestra mente, de forma que cualquier persona que no esté cerca de la consulta se pueda beneficiar de ese abordaje.

¿Por qué elige como título ‘Abrirse a la vida’?

Ponerle un título a un libro es como ponerle un nombre a un hijo. Le das unas cuantas vueltas y este libro tuvo varios títulos candidatos, pero al final creo que ‘Abrirse a la vida’ refleja un elemento central del proceso que uno tiene que hacer cuando quiere enfrentarse con éxito a esta tarea tan importante en tu vida cuando todo está patas arriba. Lo que nos sale en esta situación es precisamente lo contario: cerrarnos. No queremos más sufrimiento, pues ya tenemos bastante. Parece que yo visualizo que me pongo un escudo y pienso: que pare el mundo que yo me quiero bajar. A lo largo de los años me fui dando cuenta de que la esencia de todo este programa era un poco ayudar a la gente que pasa por estas dificultades a no recurrir a esto. Cuando yo pasé por dificultades importantes también me decía: no quiero saber más de este mundo, no quiero saber más de esta gente, no quiero saber más de esta historia. Y precisamente cuando te vas cerrando te quitas la posibilidad de reconstruir tu vida a raíz de lo que ha pasado y seguir hacia delante. Por eso el título. Otro título que era candidato era ‘Soltar’, que es una parte esencial en el proceso, pero era demasiado abstracto. Cuando me planteo si es justo o no es justo que me pase lo que me ha pasado, entonces me estoy perdiendo la posibilidad de encontrarme mejor.

La muerte de su madre hace siete años tiene que ver mucho con este libro. ¿Por qué?

Hay dos etapas en mi vida como mínimo. Una antes de la muerte de mi madre y otra después. Hace siete años muere mi madre por un derrame cerebral, que está ocasionado desde mi punto de vista por una presunta negligencia médica, y fue una experiencia muy dura. Fue para mí una transición importante, pues es como quedarte huérfano aunque tengas ya una edad. Cuando encima concurren cuidados inadecuados y una negligencia, entonces te remueve muchas más cosas. A partir de esa situación uno se empieza a plantear muchas historias. Yo sentí un vacío muy grande y a veces me preguntaba: ¿por qué a mí? Siempre que nos enfrentamos a dificultades esa pregunta es como inevitable, aunque es tan válida como la pregunta: ¿y por qué no? Cuando yo me enfrenté a esta muerte la tormenta emocional fue bastante importante y en realidad este sería el primer libro después de la tormenta. En mi anterior libro escribí sobre el tema de la ansiedad incluyendo algunas técnicas que incorporo ahora, pero ni llevaba tanto tiempo practicándolas ni llevaba tanto tiempo utilizándolas con mis paciente, ni había tomado la perspectiva suficiente para hablar sobre enfrentarte a dificultades de este tipo de una forma más general, no sólo dentro del tema de la ansiedad. A partir de esa situación uno se empieza a plantear muchas historias. Yo sentí un vacío muy grande y a veces me preguntaba: ¿por qué a mí? Siempre que nos enfrentamos a dificultades esa pregunta es como inevitable, aunque es tan válida como la pregunta: ¿y por qué no?Toda esa experiencia que yo adquiero al enfrentarme a esa muerte por negligencia luego me di cuenta de que otras personas que se enfrentan a situaciones difíciles se enfrentan en el fondo a situaciones parecidas a las que yo he vivido, como una persona que tiene un accidente de tráfico, que pierde un brazo en un accidente de cualquier tipo, que pierde a un ser querido, que se divorcia porque lo deja su pareja…Empecé a ver el hilo conector entre este tipo de situaciones problemáticas y vi que muchas cosas que yo me había planteado tras la muerte de mi madre eran aplicables con ciertas adaptaciones a este tipo de problemas. A partir de esa experiencia, con el tiempo y la perspectiva, y con mi doble trabajo, personal conmigo y con mis pacientes por otro lado, de ahí surge también este libro.

El subtítulo del libro es “Una ayuda para los momentos difíciles basada en el mindfulness y la compasión”. Lo de mindfulness cada vez se escucha más, pero a algunos posibles lectores les puede sonar un poco a chino. ¿Qué es el mindfulness?

Como explico en el libro mindfulness se puede traducir como atención plena. Atención plena se puede traducir al panocho, ya que vivimos en Murcia, como “estás en lo que estás”. Siempre me ha llamado la atención esa expresión tan murciana: “Nenico, ¿estás en lo que estás?”. Cuando el nenico está en lo que está ya tiene un elemento importante del mindfulness. Tiene su atención puesta en el aquí y ahora, en lo que está ocurriendo. Si a eso le añades un toque de amabilidad con tu propia mente y no entrar a tomar partido por lo que está sucediendo, sino adoptar una actitud de observador imparcial, con amabilidad con tu propia mente, entonces ahí estamos ya a tope con el mindfulness.

¿Y por qué la compasión? En nuestro país y en los de nuestro entorno quizá asociemos mucho esta palabra con la compasión cristiana. ¿De qué compasión habla usted?

En nuestro idioma la primera acepción del diccionario de compasión te lleva a pensar un poco en conmiseración, en pena, en lástima. Pero el sentido que tiene la compasión en este tipo de técnicas de la meditación, del mindfulness, no va por ahí. La compasión sería el deseo de que otro esté libre de sufrimiento. Lo más parecido a la compasión en el sentido auténtico de este contexto sería ese deseo de que cuando tú llevas a un nene pequeño al parque y se da un porrazo, lo que quieres es que deje de sufrir. No sientes pena del niño, lo que quieres es que el sufrimiento se le pase ya. Ese deseo de que el sufrimiento se vaya, de una forma amable y respetuosa con el otro, es el sentido que tiene la compasión en el mindfulness y las técnicas de meditación que se desarrollan en el libro. Ese deseo de que el sufrimiento se vaya, de una forma amable y respetuosa con el otro, es el sentido que tiene la compasión en el mindfulness y las técnicas de meditación que se desarrollan en el libro Yo también le llamo de otra forma un poco peculiar con mis pacientes: compasión sería dejar de utilizar el látigo. Cuando yo me enfrento a dificultades utilizo el látigo conmigo mismo, es decir, la voz crítica: lo has hecho mal, no tenías que haber reaccionado de esta forma, por qué no me encuentro mejor, por qué no salgo adelante. Eso refleja una falta de compasión, que puede ser con otros o con uno mismo. Entonces cuando yo me trato a mí mismo con ese cariño de que hablábamos de la madre con el niño que se ha caído, cuando yo me trato con amabilidad a mí mismo, estoy facilitando que pueda resolver mis emociones dolorosas y seguir adelante.

Quizá sea el momento de hablar del budismo, porque estos dos conceptos parece que están muy relacionados con él. ¿Es así? Nos puede aportar mucho a mejorar adversidades, a la psicoterapia?

En realidad tanto el mindfulness como la compasión no son propiedad ni del budismo ni del catolicismo ni de ninguna tradición espiritual en particular, y al mismo tiempo es de todas. Prácticamente todas las tradiciones espirituales prestan mucha atención a este tema, a la atención plena, como también ocurre con el sufismo. Todas las tradiciones que tienen un componente místico han prestado atención a ello. Lo que más he estudiado son las técnicas de meditación dentro del budismo, pero desde una perspectiva psicológica actual. Pero en la religión católica se habla también de la oración contemplativa, que de alguna manera sería una forma de meditación parecida al mindfulness, pues consiste en llevar tu atención a una oración y estar recitándola, poniendo tu atención en ella. Las técnicas que se explican en el libro van un poco en la convergencia que hay entre las técnicas de meditación y la psicología occidental desde una perspectiva actual, y basada un poco en los programa de entrenamiento para la mente que se están desarrollando actualmente. Obviamente, si tiramos del hilo el mindfulness hace treinta años que se rescató en Occidente de la tradición budista. Estamos hablando de que, con modificaciones, las técnicas de meditación se pueden ver en los escritos que se le atribuyen a Buda hace 2.500 o 2.600 años. Pero vamos, no hace falta hacerse budista para leer el libro, ni para aplicar las técnicas de meditación.

Recuerdo que mi profesor de yoga nos hacía mucho hincapié en diferenciar entre el dolor y el sufrimiento. Nos decía que cuando se te muere un ser querido lo más normal y lo sano es sentir dolor, pero que cuando ese dolor se convierte en sufrimiento es malo, y que eso es lo que hay que evitar.

El budismo se puede entender como una filosofía de vida, cuyo origen principal es aliviar el sufrimiento. El lema de una religión puede ser alcanzar el cielo o el paraíso con unas cuantas vírgenes. El objetivo principal del budismo es aliviar el sufrimiento. Por eso resulta tan interesante para la ciencia moderna, para la psicología actual. Esta distinción entre el dolor y el sufrimiento se toma muy en serio en el budismo. Hay muchos tipos de sufrimiento. Están los sufrimientos inevitables, como lo que tú dices del dolor. Que se te muera un ser querido o convertirte en huérfano tiene un sufrimiento inherente que no te lo quita nadie, pero puede haber otros tipos de sufrimiento, y lo fundamental es cómo reacciono yo al dolor. Ese dolor emocional de perder un ser querido, de perder un brazo o tu pareja porque se va con otro, o de perder tu trabajo. Ese dolor, si es un corte limpio va a implicar un nivel de sufrimiento x, pero si entro en el debate de por qué a mí, yo no me lo merezco, etc, ahí es donde yo estoy añadiendo un aporte importante. El sufrimiento es como un huevo frito; la yema no te la quita nadie: es lo que te ha pasado. Pero alrededor hay una clara blanca y con puntillas, y cuanto más te descuides más grande se va a hacer, hasta que llega un punto en que la yema prácticamente no se ve y la clara ocupa un espacio tremendo. El sufrimiento es como un huevo frito; la yema no te la quita nadie: es lo que te ha pasado. Pero alrededor hay una clara blanca y con puntillas, y cuanto más te descuides más grande se va a hacer Esa clara sería toda la agitación que se produce en mi mente por no supervisar qué está pasando en ella en esos momentos del debate mental sobre por qué me pasa a mí esto. Cuando ocurre algo que no quieres que te pase y que no tiene vuelta atrás, hay un elemento muy importante, que es trabajar una aceptación de lo que ha ocurrido. Muchas veces no aceptamos lo que ha ocurrido, y entonces nos metemos en una lucha continua con una realidad que por más que queramos va a seguir siendo como es.

Dedica usted un capítulo a cuando el desastre no tiene solución. ¿Qué podemos hacer entonces?

Cuando yo pierdo un brazo o cuando mi pareja se va con otro y me deja, o cuando se muere un hijo o cuando se muere mi madre, debo sentir tristeza y si no la siento es que algo está pasando por ahí. Cuando pierdes a un ser querido o pierdes un trabajo, es decir, algo que es significativo para ti, la emoción típica que te acompaña es la tristeza. Cuando aparecen otras emociones, como la rabia el enfado, la ansiedad, el miedo, la vergüenza y la culpa, nos están avisando de que está pasando algo. Sobre no aceptar lo que no tiene solución, te sorprendería la cantidad de pacientes que me encuentro en terapia que no aceptan que ha pasado algo que ya no tiene vueltas atrás. Y no lo aceptan a veces casi casi al borde de la locura. A una paciente que comento en el libro su hijo se había muerto ya mayor en un accidente y después de varios años todavía seguía imaginando que estaba de viaje y que iba a volver algún día. Cuando pierdes a un ser querido o pierdes un trabajo, es decir, algo que es significativo para ti, la emoción típica que te acompaña es la tristeza. Cuando aparecen otras emociones, como la rabia el enfado, la ansiedad, el miedo, la vergüenza y la culpa, nos están avisando de que está pasandoA veces me decía que quería ver el ataúd para ver si estaba o no estaba, como si se lo fuera a encontrar ahí vivo. Esta semana precisamente vi a otra paciente que su hijo murió hace menos tiempo y estaba en un punto similar, de no aceptar lo que ocurrió. Ese capítulo me parece muy importante, porque si yo no pacto con la realidad la clara de huevo que decíamos va creciendo.

En el libro dice usted que la mente fabrica el sufrimiento, pero también la felicidad.

Exactamente. Cuando yo no superviso ni presto atención a dónde está mi mente, esta va un poco como las vaquitas por el campo, paseando para acá y para allá, o como las cabras en el monte. Cuando no hay un problema especial en mi vida, no es un problema que alguien vaya saltando por la montaña como Heidi. El problema está en que si yo estoy pasando por una situación difícil en la que mi vida no es lo que yo me esperaba que iba a ser, entonces mi mente, esa cabrita, ya no va ir saltando alegremente sino que se va a ir a las zonas rocosas y me voy a meter en una serie de historias personales, preguntándome por qué a mí, y diciendo que no es justo, que no me lo merezco, etc. Si yo no superviso dónde está mi mente momento a momento me puedo encontrar con que la mente se va a regodear con ese tipo de historias sin ningún fundamento. ¿Por qué me ha pasado esto a mí? No me lo merezco. Y yo digo: ¿y por qué no? ¿Dónde está escrito que no te lo mereces? En realidad no está escrito en ninguna parte lo que tiene que pasar con tu vida.

Pero tal como estamos educados, supongo que ese resorte mental es casi automático y es muy difícil cambiarlo.

Ese resorte depende mucho de la educación y de los valores que vamos cultivando. Si yo veo en la tele continuamente mensajes de que siendo joven, guapo y rico voy a ser feliz, como me vaya creyendo esa historia la llevo clara. Porque joven cada vez es más difícil que lo vayas a ser, porque el tiempo va pasando. En cuanto a guapo, cada uno tiene la guapura que tiene, y si la guapura va ligada a la juventud, conforme pasa el tiempo vas perdiendo. Y dinero, a no ser que te toque la lotería, hacerse rico no es algo muy frecuente. También podemos tener la tentación de meter la mano es la caja, que está muy de moda ahora, pero luego pasan cosas y puedes acabar siendo rico en la cárcel.

La aplicación de las técnicas de meditación que explica en el libro, ¿son más efectivas o apropiadas en terapia individual o en grupo? ¿O es indistinto?

Yo practico estas técnicas de meditación a diario y empecé hace siete años con ellas. Al principio las practicaba yo conmigo mismo, luego empecé a enseñárselas a algunos pacientes a los que veía que les podían ir muy bien, y conforme fui aprendiendo más sobre cómo introducir estas técnicas en la psicología las fui aplicando poco a poco con pacientes con ansiedad, luego me fui metiendo en otros campos, por ejemplo con gente que está deprimida, en situaciones de acoso o de maltrato, o con problemas para dormir, es decir, vi que a cualquier persona que esté sometida a una situación de estrés, alto o bajo, les pueden ayudar. Yo empecé conmigo mismo, luego con los pacientes y con el tiempo hice un grupo en el centro de salud en el que trabajo y también en la clínica. Ahora tres veces al año hago un grupo que dura ocho semanas y ahí entra gente que tiene distintos problemas, desde una persona que ha perdido a un ser querido, una enfermedad crónica, un dolor crónico, cualquier persona que esté pasando por un momento complicado en su vida. Ocurre que muchas veces en el mejor ánimo de uno de sentirse mejor va haciendo cosas que en realidad le van echando piedras en la mochila y eso dificulta que se encuentre mejor En terapia individual también trabajamos con ello, pero el recurso didáctico de explicar las técnicas se hace en conjunto. Muchas veces ocurre que hay una parte importante de pacientes que no necesita una terapia posterior, y es suficiente para que se manejen con las emociones. Muchas veces lo fundamental es que el paciente cambie su actitud con respecto al sufrimiento. Porque ocurre que muchas veces en el mejor ánimo de uno de sentirse mejor va haciendo cosas que en realidad le van echando piedras en la mochila y eso dificulta que se encuentre mejor.

¿Qué es lo más importantes para realizar esas técnicas de meditación?

Quizá lo más importante a la hora de practicar las técnicas que se explican en el libro es que es muy importante, como se suele decir, ir sin prisa pero sin pausa. Cultivar al mismo tiempo la relajación y el no forzar. Yo mismo cometí al principio ese error de forzar, de ponerle mucho ahínco, y en realidad este tipo de prácticas requieren un poco de salirnos de esa forma de pensar habitual, que está muy orientada a hacer cosas. Pensamos que todo se consigue haciendo cosas y estas técnicas de meditación van muy ligadas a una dimensión distinta, que es cultivar el modo ser. En lugar de hacer cosas es aprender a ser aquí y ahora. A Matthieu Ricard le hicieron un estudio sobre la felicidad y la función cerebral, con mucha técnica de neurociencia, y se vio que esas partes del cerebro cuyo nivel de activación son un poco el indicador del estado de felicidad de una persona, o de la capacidad de ser feliz, en este monje se disparaban, y lo mismo se comprobó en otros maestros budistas.

¿El dolor o el sufrimiento nos pueden enseñar también la puerta de la felicidad?

Pues sí. En el libro hablo varias veces de la felicidad auténtica, de la que no depende de las condiciones que nos rodean. Ser feliz cuando todo va bien no tiene un gran mérito. Lo interesante es saber que aunque las cosas no vayan bien, incluso aunque estés sufriendo dolor o te hayan pasado cosas muy duras, la puerta de la felicidad sigue abierta, porque, como decíamos antes, el origen del sufrimiento y de la alegría está en la mente. Yo me enfrento con un situación y a partir de ahí mi mente le da una serie de valoraciones y según qué película me monto, para hablar un poco coloquial, las emociones son las que siguen a continuación, y pueden generar rabia, tristeza y ansiedad, o lo contrario. Por eso hablo en un capítulo de que la mente es el origen del sufrimiento pero también de la felicidad. Hablo en un capítulo de que la mente es el origen del sufrimiento pero también de la felicidadSi yo superviso mi mente y trabajo con ella para que no se vaya la cabra al monte al final me voy a encontrar con que ese mecanismo que produce la infelicidad también puede producir la felicidad. Lo que no quiere decir que porque uno practique meditación ya va ser el hombre más feliz del mundo. Pero curiosamente en la revista ‘Time’ salió un artículo sobre el monje Matthieu Ricard titulado como ‘El hombre más feliz del mundo’, pero después de practicar treinta años meditación.

¿Es cierto que cuando uno se encuentra mal un deseo excesivo o casi obsesivo de ponerse bien puede ser contraproducente? ¿Por qué?

Porque si mañana es un día importante y quiero dormir mucho para estar descansado, ya estoy garantizando que voy a dormir fatal. Las emociones van un poco por su vía y cuanto más intento actuar sobre ellas muchas veces se produce el efecto contrario. Si empiezo a sentir un poco de ansiedad y no quiero sentirla porque creo que no es conveniente en ese momento, mi mismo deseo de ahogar la ansiedad es lo que le da fuerza a esa ansiedad. Se produce una especie de mecanismo de realimentación y en la medida en que yo intento reprimir esa emoción, como veo que no acabo de conseguirlo empiezo a ponerme nervioso y entonces se crea un círculo vicioso que incluso me puede llevar a una crisis de ansiedad. Es lo mismo que pasa con el insomnio. Si pienso que necesito dormir, ese estado de tensión por si no duermo va a crear la semilla para que esté más activado de la cuenta. Como vea que tardo un poco más de lo normal en dormir ya salta la alarma. Ese miedo a no dormir genera un estado de activación que te impide dormir. Es un mecanismo neurofisiológico. Cuando uno está en estado de alarma tu cerebro, de forma muy sabia, se activa para ver qué peligro tienes, cuando en realidad no hay ningún peligro. Con la depresión ocurre algo parecido, pues en la medida en que yo estoy vigilante de mis emociones, a ver si me encuentro un poco mejor, a ver si hago algo para estar mejor, con esa presión no estoy permitiendo que se relaje la parte de mi cerebro que permite que poco a poco vuelva a disfrutar de las cosas. Yo le llamo también el efecto Nochevieja. Cuando tú tienes muchas expectativas de que una noche sea maravillosa, te vas a encontrar probablemente con la frustración. Cuando no esperas nada especial de una noche y te encuentras con los amigos, de pronto se dan una serie de condiciones y te lo pasas genial. Con la presión no estoy permitiendo que se relaje la parte de mi cerebro que permite que poco a poco vuelva a disfrutar de las cosas Por eso también es muy importante no esperar nada cuando se practica la meditación mindfulness y eso se lo digo a los pacientes, que no piensen que porque practican la meditación dentro de tres semanas van a estar fenomenal. Esto es como plantar una semilla. Tienes dos opciones, o escarbas y escarbas para ver cómo crece, con lo cual te estás cargando la semilla, o la plantas, le echas agua, te olvidas y vemos a ver qué pasa.

Para terminar me quedo con lo que me dice de que hay que vivir el momento, el presente. Me gusta mucho la frase que aparece en la contraportada del libro: “Si prestas atención, los pequeños momentos pueden cambiarlo todo”.

A veces pensamos en la vida como en las grandes cosas de la vida y si te paras a pensarlo la vida es una sucesión de pequeños momentos. No existe un gran momento colgado en el vacío, sino que es todo una sucesión de pequeños momento. Si estoy continuamente pensando en los grandes momentos, los pequeños momentos de la vida se me van a pasar. Como decía John Lennon: la vida es aquello que te ocurre mientras estás ocupado haciendo otros planes. Por eso, prestar atención al aquí y ahora es muy importante porque sientas la base y la semilla de lo que va a ser mañana. Si yo estoy continuamente angustiado con lo que va a pasar mañana con mi vida, en realidad estoy perdiendo el aquí y ahora. Después de siete años practicando meditación, si alguien me pregunta qué beneficios me aporta le diría que es difícil explicar con palabras, pero sería algo así como una sensación de serenidad interior. Esa tensión y ese ansia por lo que va a pasar luego de alguna forma se transforma en una sensación de plenitud, a base de traer la mente al aquí y ahora. Esa sensación es uno de los principales efectos que produce la meditación. Esa sensación de que no tienes que ir a ninguna parte, de que ya has llegado, de que estás aquí.  

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